Liviandad,
propiedad del
perfume de las flores.
Del paso de los
gatos
al acecho.
Del soplo
inspirativo
del artista.
Densidad etérica
de los sueños divinos.
Caricia leve
de un tul sobre
los hombros.
El peso del
amante,
fundido en uno con
su doble mitad.
La salida cadente
del último
y definitivo
aliento de la vida.
Cualidad de las
hadas
y del recién
nacido en brazos
de la madre.
La liviandad, es
el peso del alma.
Aquel mágico flujo
de pensamientos y
ánimo
que conforman la
espícula
del pasado futuro,
sobre el presente
eterno.
Liviandad
es el sutil
mecanismo lumínico
que, en ondas
corpusculares,
varía nuestra
visión colorimétrica.
Agitándose,
la mano de la
suave bailarina
da liviandad
a la expresión
elevada del ritmo.
Liviandad de las
horas,
cuando puedo
extenderme hacia tus ojos
y encuentro el
brillo
que alumbra mi
esperanza.
Cualidad de las
hadas,
de la caricia
leve,
de las ondas que
el agua
contiene en su
quietud.
Es el peso del
alma
cuando se ama de
veras.
Liviandad...
Propiedad del
perfume de las flores...
Kavod Ha Malajim

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